Quién sostiene esto
Maxyelis del Pilar Bohórquez Urdaneta
Una humana en constante comprensión de mí misma y de mi entorno. Curiosa por naturaleza, observadora y apasionada por explorar las múltiples dimensiones del ser humano y las posibilidades que nos ofrece la vida.

+20
años de dirección empresarial, liderazgo y desarrollo de negocios
MBA
Maestría en Administración de Empresas
2017
nace Encontrándonos, y hoy vuelve a despertar
Madrid
mi nuevo hogar, con raíces en Venezuela
Licenciada en Administración y Mercadeo, con una Maestría en Administración de Empresas (MBA) y más de dos décadas de experiencia en dirección empresarial, liderazgo y desarrollo de negocios. Disfruto transformar ideas en proyectos, conectar personas y crear oportunidades.
La vida me ha regalado experiencias maravillosas y también muy complejas, me ha llevado por caminos que jamás imaginé recorrer. Algunos me han conducido a lugares muy profundos dentro de mí, donde he tenido que encontrarme con mis miedos, cuestionar mis certezas y descubrir aspectos de mí misma que hasta entonces desconocía.
De esas vivencias nació una profunda inquietud por comprender lo que nos sucede, cómo interpretamos nuestras experiencias y de qué manera estas van dando forma a quienes somos.
Esa curiosidad me impulsó a estudiar y explorar múltiples disciplinas y herramientas del desarrollo humano, la psicología, el bienestar y la consciencia. Un recorrido que ha ampliado mi comprensión de mi propia historia y también de las experiencias de tantas personas que han formado parte de mi vida, algunas de las cuales he tenido el privilegio de escuchar y acompañar en sus propios procesos.
Me entusiasma todo lo que aún queda por vivir.
Nací en Venezuela y actualmente vivo en Madrid, donde he estado construyendo mi nuevo hogar. Llevo conmigo mis raíces, mi historia y una profunda curiosidad por conocer otras culturas, lugares y maneras de vivir.
Me apasionan el arte, la pintura, la escritura, los viajes y las conversaciones que dejan algo en nosotros. Disfruto tanto de mi independencia y mis espacios de soledad como de una buena sobremesa, el humor espontáneo y la compañía de personas auténticas.
La libertad, la coherencia, el amor y la abundancia son valores que orientan mis decisiones. La espiritualidad y mi fe en Dios forman parte de mi manera de comprender y transitar la vida.
A mis 51 años, sigo aprendiendo, creando y descubriendo nuevas posibilidades. Me entusiasma todo lo que aún queda por vivir, las personas que están por llegar y las experiencias que todavía pueden sorprenderme.
Valores que orientan mis decisiones
Libertad
Coherencia
Amor
Abundancia
Encontrándonos nació en 2017, inspirado por mi interés en las relaciones humanas y por el deseo de crear espacios para compartir y conectar. Tiempo después, distintas circunstancias personales me llevaron a dejar este proyecto dormido.
Hoy, en esta nueva etapa de mi vida, Encontrándonos vuelve a despertar. Y con él, siguen despiertas mis ganas de conectar, acompañar y servir desde todo lo que soy: mi historia, las experiencias vividas y la formación académica, profesional y personal que han contribuido a hacer de mí la mujer que soy hoy.
Creo en el valor de los encuentros, en las conversaciones que nos enriquecen y en las posibilidades que se abren cuando compartimos nuestras experiencias con otros.
Si pudiera escribir en el cielo un mensaje que todos pudieran leer, y que resumiera lo que la vida me ha enseñado hasta hoy, sería este:
«Aquí vinimos para Encontrarnos.»

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Combino PNL, coaching y años de experiencia en el mundo empresarial y financiero con mi formación universitaria y de postgrado (MBA). El resultado son herramientas concretas para acompañarte en tus superaciones personales y profesionales, y en el logro de tus objetivos.
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Quienes ya pasaron por aquí
Lo que cuentan quienes participaron
Yo iba un poco a ver qué pasaba, sin muchas expectativas. De hecho, al principio estaba bastante cortada. Pero en algún momento empecé a hablar con una persona, luego con otra… y cuando me quise dar cuenta estaba súper a gusto. Me fui pensando que esto sí me apetecía repetirlo.
Lo que necesitaba era precisamente eso, un lugar donde no tuviera que aparentar. Nadie me preguntó a qué me dedicaba ni qué estaba haciendo con mi vida. Simplemente estuvimos ahí, hablando, escuchando y compartiendo un rato. Y para mí eso fue muchísimo.
Fui sola. No conocía absolutamente a nadie y estuve a punto de no ir varias veces. Menos mal que fui. Lo curioso es que salí de allí sin sentir que había “conocido gente”, sino que había conectado con algunas personas de verdad. Y eso no me pasa muy a menudo.
Al principio pensé que iba a tener que estar hablando todo el rato y, sinceramente, eso me daba bastante pereza. Pero hubo momentos en los que simplemente estuvimos en silencio y nadie intentó llenarlo. Parece una cosa pequeña, pero para mí fue de lo mejor del encuentro.
Creo que llevaba demasiado tiempo diciendo “estoy bien” por inercia. Ese día alguien me preguntó cómo estaba y, por alguna razón, me salió decir la verdad. No tuve que explicarme demasiado ni justificarme. Me escucharon y ya. Salí bastante más ligera.
Voy a ser sincero. Cuando leí lo de “encuentro” pensé que sería otro networking con gente intercambiando Instagram y hablando de trabajo. Casi no voy. Al final fue todo lo contrario. Y agradecí muchísimo que nadie estuviera intentando venderte nada ni demostrar quién era.
Me había acostumbrado un poco a ir a los sitios y sentir que estaba ahí, pero sin estar realmente. En este encuentro me pasó algo distinto. Pude ser yo sin preocuparme tanto por cómo estaba quedando. Parece sencillo, pero llevaba bastante tiempo sin sentir algo así.
Fui con el corazón bastante cerrado. No tenía muchas ganas de contar nada y pensaba estar un rato e irme. Pero acabé hablando de cosas que ni siquiera tenía pensado mencionar. Lo más curioso fue llegar a casa y tener ganas de seguir esa conversación con mi pareja.
No sé muy bien cómo explicarlo, porque desde fuera puede parecer simplemente un grupo de personas hablando. Pero hay algo que pasa ahí. Da miedo abrirte un poco, sí, pero cuando ves que los demás también lo hacen, cambia todo. Y al final creo que da más miedo seguir guardándote las cosas.
Me di cuenta de algo que llevaba meses sin querer reconocer. Me estaba aislando bastante. No porque quisiera estar solo, sino porque me había acostumbrado. El encuentro no solucionó eso de repente, pero sí me hizo verlo. Y creo que necesitaba darme cuenta.
Yo no tenía ninguna intención de llorar, por supuesto. De hecho, me daba bastante vergüenza emocionarme delante de desconocidos. Pero pasó. Y nadie hizo que fuera incómodo. Al contrario, fue como si no hubiera nada raro en ello. Creo que eso fue lo que más me sorprendió.
Una de las cosas que más me llamó la atención fue que la gente realmente escuchaba. No estaba pensando en qué decir después ni esperando a que terminaras. Se notaba. Y después de un tiempo rodeado de conversaciones bastante superficiales, encontrar eso se siente diferente.
Después del primer encuentro pensé que ya estaba, que había sido una experiencia puntual. Pero unos días después me encontré pensando en algunas de las personas que había conocido y en conversaciones que habíamos tenido. Así que cuando hubo otro, no me lo pensé demasiado. Quería volver.
No salí pensando que mi vida iba a cambiar ni nada parecido. Fue algo mucho más pequeño. Una conversación, una sensación, algunas cosas que me llevé a casa. Pero pasaron las semanas y seguía acordándome de ellas. A veces supongo que los cambios empiezan así, sin hacer demasiado ruido.